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LA TRAGEDIA DE HERMOSILLO Y EL MECANISMO SOCIAL DEL OLVIDO

  • Desierto digital
  • 1 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

El asesinato de Margarita, sus gemelas Meredith y Madelin (11), y Karla (9), el pasado 15 de mayo de 2024 en Hermosillo, no solo conmocionó a Sonora por su brutalidad, sino que reveló, una vez más, la dolorosa velocidad con la que las atrocidades se desvanecen de la memoria colectiva.


A los pocos días, la efervescencia de la indignación había sido reemplazada por el silencio, una detención solitaria y la resignación. La pregunta crucial no es si la sociedad es apática, sino: ¿Quién o qué nos está forzando a olvidar?


Este fenómeno no es una casualidad reciente. Es el síntoma de un sistema roto que ha enseñado a la población a protegerse de un dolor interminable, cuyo motor principal es la impunidad sistémica. Casos históricos, como la tragedia de la Guardería ABC en 2009, los colapsos por fallas de seguridad y negligencia (como el de Waldo's), y la violencia endémica en municipios como Cajeme, han cimentado una realidad donde la justicia es la excepción, no la regla.


1. La Fatiga por Trauma Social: El Mecanismo de Defensa

El primer factor es la Fatiga por Trauma Social. Sonora vive en un estado de trauma crónico. El cuerpo social, expuesto constantemente a feminicidios, desapariciones y tragedias que involucran a menores, activa un mecanismo de defensa. La indignación sostenida requiere una energía cívica y emocional que es biológicamente insostenible cuando el horror se repite sin cesar.


La incapacidad de sentir el dolor ajeno no es falta de empatía; es un escudo. La psique colectiva se satura y se desensibiliza como un acto de autoprotección, permitiendo que las noticias más aterradoras se conviertan en meras estadísticas en el plazo de una semana. Si cada acto de indignación no se traduce en un cambio real, el único camino para la supervivencia mental es reducir el impacto emocional de la siguiente tragedia.


2. Indefensión Aprendida: El Fracaso de la Justicia como Maestro

La causa más profunda del olvido es la Indefensión Aprendida, inducida por el sistema de justicia. Cuando las instituciones encargadas de la procuración y administración de justicia fallan sistemáticamente, la sociedad aprende que su esfuerzo —protestar, exigir, recordar— es fútil.


Desde tragedias por negligencia civil y estructural (como la de Waldo's) y la Guardería ABC, que más de una década después no ha entregado justicia completa a todas las víctimas, hasta la impunidad que prevalece en los municipios más violentos, la ineficacia del Estado envía un mensaje claro: la verdad y la justicia son inalcanzables. Esta certeza de impunidad convierte el desinterés y la inacción en una respuesta racional.


¿Por qué exigir un caso si, históricamente, el resultado será el olvido institucional y la liberación de responsables?


3. El Consumo de Choque y la Memoria Fugaz

Finalmente, el ciclo mediático actual agrava la situación. El periodismo de choque, enfocado en el impacto y el corto plazo, consume el dolor de las víctimas como una noticia fugaz. El ciclo de 24 horas requiere una constante renovación del horror, lo que mueve a la opinión pública de una atrocidad a la siguiente antes de que la primera pueda sedimentarse y convertirse en memoria histórica organizada.


Este cortoplacismo mediático impide que la indignación se canalice en movimientos cívicos a largo plazo, desactivando el potencial transformador de la memoria.


La Memoria Activa como Acto Subversivo

Romper el ciclo del olvido no es un desafío emocional, sino un imperativo cívico. La única resistencia efectiva contra las políticas de impunidad del Estado es la Memoria Activa.

Negarse a olvidar el feminicidio de Margarita, Meredith, Madelin y Karla; negarse a aceptar las sentencias insuficientes del caso ABC o las fallas estructurales que costaron vidas en Waldo's; negarse a normalizar la violencia en Cajeme. Sostener el recuerdo de estas víctimas no es solo un acto de empatía, sino un desafío directo a la ineficacia crónica.


La rehabilitación del tejido social de Sonora no vendrá de la rapidez de una detención, sino de la lentitud, la tenacidad y la permanencia de la memoria colectiva. Mantener viva la presión en este y en todos los casos irresueltos es el primer paso para obligar a un sistema colapsado a reactivarse.


La lucha es contra el olvido, y en esa batalla, la sociedad civil es la única fuerza verdaderamente permanente.

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